martes, 13 de julio de 2010

Redoma Los Pájaros


TANTAS  VUELTAS
El fuego de tu mirada me quema
Entro al mar y me envuelven las olas
Voy a tu encuentro
Me abrazo a ti en el agua
Doy vueltas bailando
Mi  boca te recorre lentamente
Arriba las gaviotas dibujan tu nombre
El nombre del  que vuela alto
De la nada a todo un mundo
El estallido que me arrasa

La modelo de la valla publicitaria se recostó bajo una palmera. Despertó estremecida por la función que había dado. Los hombres con figura de pájaros la estaban mirando embelesados, dando vueltas a su alrededor para que no se escapara, pero ella prefirió subirse al poster para seguir soñando con su enamorado. La escultura de los pájaros, situada en la redoma de Barcelona, es el símbolo de la capital de Anzoátegui.

A LIZA


A LIZA
Busca una estrella en la inmensidad
La que te baña con su luz
La que te acaricia con su mirada
Esa estrella soy yo
La que llora tus penas
La que ríe tus travesuras
La que te acompaña cuando te vas
La que te hace soñar
La que está contigo donde estés
La que siempre te ilumina
Esa estrella soy yo
De mi tiempo a tu tiempo
Nuestro tiempo
 Por qué y por qué?
Cómo y para qué?
Marca nuestro camino
Esa estrella en la inmensidad
La que quieres alcanzar
No la dejes escapar
Atrápala en tus manos
Esa estrella soy yo

                       Ludmila Vinogradoff
                      Tacarigua,  27/12/2009

martes, 3 de noviembre de 2009

MIRANDA EL SEDUCTOR

Es la estatua más hermosa que le han podido hacer al Generalísimo Francisco de Miranda Rodríguez. Al presentarlo en un constante movimiento con gestos firmes y resueltos reflejan el signo principal de lo que fue su vida, es decir, pura energía, acción y aventura. El único escollo es que lo tienen colocado en un lugar poco adecuado.

Fue un viajero incansable que nació en Caracas el 28 de marzo de 1750 y murió en San Fernando de Cádiz el 14 de julio de 1816. Ahora le han fabricado un muñeco de plástico para que los muchachos jueguen con un héroe nacional de verdad verdad de pelo largo platinado, aunque cueste 200 bolívares fuertes, igual de caro, que el "robot cop" inventado en Hollywood.

Su padre canario, de origen humilde, emigró a la denominada pequeña Venecia durante la colonia y aquí se casó con una venezolana. El canario era muy listo. Hizo fortuna como comerciante. Francisco es el primogénito de nueve hijos del matrimonio, estudia en las mejores escuelas de Caracas, y a los 20 años de edad, enrumba hacia Madrid para alistarse en el ejército español donde desarrolla su brillante carrera militar.

En Venezuela no se conoce un retraro auténtico de su rostro. Sus compatriotas sólo tienen referencia del precursor por "el hombre del catre" o "Miranda en La Carraca", que es un lienzo pintado por Arturo Michelena en 1986, en el que se muestra al héroe caraqueño reclinado en un catre en su celda de Cádiz antes de fallecer a los 66 años. Bolívar lo había mandado encarcelar porque creía que era un traidor a la causa independista.

Miranda es un conquistador de primera línea y de todas las categorías posibles. Un destacado combatiente, estratega militar, un intelectual, el más culto de los venezolanos, un seductor y un rompe corazones. Hasta incursionó en la música pero no se le conoce su faceta de padre ni dejó oficialmente descendientes -todavía los franceses le están haciendo pruebas del ADN de sus huesos con los parientes que le han sobrevivido.

Tiene todos los títulos honoríficos que hombre alguno haya podido soñar. Es el precursor de la emancipación americana del imperio español, catalogado como "el primer venezolano universal". Creador de la idea de la Gran Colombia. Además es el Generalísimo, el Mariscal de Francia y el Comandante en Jefe de los Ejércitos de Bélgica.

Su lucha dejó huellas en tres continentes: Africa, Europa y América. Participó en los tres grandes movimientos históricos y políticos de su tiempo. A saber: la guerra por la independecia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y la guerra de la independencia de América Latina. Se codeó con los grandes de su época, entre otros, George Washington, Napoleón Bonaparte y Catalina la Grande de Rusia.

Ha marcado estelas imborrables. Su nombre está inscrito en el Arco de Triunfo de parís, su retrato en la galería de los personajes en el Palacio de Versalles, su estatua frente al general Kelerman en el Campo de Valmy, francia, y su casa en Londres convertida en museo donde reposan su biblioteca, archivo y correspondencia. Era sumamente ordenado con los libros.

Inspirado un tanto en el estandarte de la monarquía zarista, diseñó la bandera tricolor de Venezuela con el amarillo en la primera franja y no blanco como en la rusa, y la iza por primera vez en la Vela de Coro en 1806, desafiando a la corona española, que no soporta tal desaire.

Fue el segundo presidente de Venezuela después de ser proclamada la independencia, de manera muy breve, eso sí, entre el 25 de abril y el 26 de junio de 1812. Luego lo reemplazaría Simón Bolívar en la Presidencia. Pero al final no aguantaría mucho tiempo relacionarse con sus compatriotas ni comprender su poca seriedad en los compromisos después de tanto tiempo de alejamiento de la patria que lo vio nacer.  De ahí su famosa frase. "qué bochinche" en alusión al desorden caótico que encontró en el país.

Su vida amorosa también fue fructifera y prolífica. Su estancia por Madrid cosechó dos amantes. También suenan sus aventuras cuando estuvo en Charleston, Boston y New York. En Londres mantuvo una relación romántica con Susan Levingston, hija del canciller Livingston de Inglaterra. Las cartas de amor que se escribieron todavía se conservan en su museo-casa en Londres.

Miranda prefería disfrutar el momento y no comprometerse aunque dejase el corazón partido a su amante. Un auténtico Casanova y un Latin Lover de una época irrepetible. Lo que nunca se sabrá es quién le habrá roto el corazón a quién cuando pasó por el lecho de la rusa Catalina II. El general venezolano y la zarina se encontraron en Kiev y profundizaron su romance en el palacio invernal de San Petersburgo, a pesar del celoso Potemkin.

La vida de Miranda es de película. Su realidad sobrepasa cualquier ficción. Le han hecho varios filmes -bastante mediocres- pero todavía le falta el que lo llevará al Olimpo, por supuesto, no será el cineasta Oliver Stone. Por algo Tomás Polanco Alcántara le escribió el libro "?Don Juan o Don Quijote?" y los franceses aún le siguen hurgando en sus cenizas.

Lo único malo es que la estatua se halla un tantodesubicada. Se encuentra respirando carbono del bueno (CO2) en una intersección de Los Palos Grandes, Municipio Chacao, en un cruce ruidoso de automóviles y busetas, y su estatura de Generalísimo convertido en un fiscal de tránsito de lujo, al que nadie respeta.

A Miranda le hubiera gustado estar más bien en un pedestal de una plaza o de un boulevard peatonal en contacto con la gente. Después de imponerse como el seductor preferido de las cortes europeas, lo menos que puede merecer es un sitio privilegiado donde pueda pasear su mirada por las minifaldas y las prominentes "lolas" que se gastan las caraqueñas, a ver si su espíritu despierta y se levanta otra vez para emanciparnos de ese yugo jurásico y anacrónico que nos tiene acogotados.

Ludmila Vinogradoff




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viernes, 9 de octubre de 2009

UNA NEGRA FURTIVA

 No hay estudios sobre el color de la piel de la población venezolana, de su clasificación por razas y el porcentaje respectivo. Y no lo hay -dicen los especialistas-, porque nadie ha querido saber cuánta sangre negra, blanca y amerindia de los antepasados corre por sus venas. Si lo averiguaran se llevarían más de una sorpresa.


Y es que los venezolanos “somos café con leche, unos tienen más café y otros más leche que los que tienen más leche por tener más suerte”, dice a este Blog el sociólogo Antonio Cova, experto en la materia. Y el mote de “la negra” o “el negro” es más por cariño que por la negrura de su piel.

Cova añade que durante la colonia española –hace 500 años- se intentó clasificar minuciosamente a la población pero el censo se quedó corto al nominar “un cuarterón, el otro tres cuartos y el otro negro o blanco puro”, lo que científicamente no era un estudio serio. La mayoría de los conquistadores había emigrado a México buscando el Dorado. Y los españoles que se quedaron en Venezuela, haciendo de las suyas, prefirieron aparearse con las indias y las negras para desahogar sus noches solitarias y así multiplicar la especie.

De ahí que nadie puede ocultar “una gota, un cuarto, o un tercio” de sangre negra africana, de la indígena o de la blanca europea que son los tres grupos que conforman la gran raza y poderosa del mestizaje nacional. Este es un patrimonio humano, un arco iris racial, que ha dado su fruto con las once coronas de la belleza universal y mundial ganadas como ningún otro país. Todavía no se ha hecho un monumento a la beldad venezolana. La mezcla de colores también ayuda a combatir el racismo.

En el reconocimiento público al aporte de la inmigración africana sólo tenemos a “Negro I” como protagonista de primera fila en la lucha por la independencia al lado de Simón Bolívar. Sus estatuillas y estampas abundan especialmente en el sector de los devotos yerbateros y santeros. Una vela semanal y un rezo pueden cumplirle su deseo.

La segunda estatua que registra la inmigración forzada africana es la Negra que develaron recientemente en el boulevard de Barcelona, capital de Anzoátegui. Está tan mal hecha y marginada que su piel, en menos de un año de exposición al sol, ya se está descamando, lo que deja ver su fondo blancuzco y grisáceo.

Los afrodescendientes, que dejaron su vida en el país, se merecen algo mejor que la escultura mal hecha del boulevard barcelonés. Dicen que su monumento de líneas redondeadas, que hoy día sirve para echar botellas de cerveza vacías y ron de los bebedores, recuerda su fogosidad recostada en el pedestal donde la han colocado. Lástima que sus habilidades con la cadera, al son del tambor, no se ven reflejadas en la escultura. Ella ganó sus “15 minutos de fama” a punta de generosidad y desprendimiento con los que más la necesitaban.

En el día, la Negra vendía empanadas crujientes en el centro de la ciudad. Pero después de manera furtiva pasaba sus noches cálidas y húmedas en las arenas de Maurica, una playa poco frecuentada y traicionera, en la que todavía abundan los guacucos con sus conchas que se atrincheran en los rastrillos. Ya había perdido el número de cuántos amantes habían recibido sus favores mientras aplastaba las almejas con sus pies para recogerlas en una bolsa de plástico.

Durante la luna llena el brillo plateado de su oscura piel mojada ejercía un magnetismo indescriptible. Sus caderas se contoneaban y se retorcían al ritmo de un tambor lejano. Sus brazos alzados y entornados jugueteaban con las estrellas del universo como queriéndolas tener para ella sola. Pero una noche de esas desenfrenada, sin luna, se abrazó a las olas y el mar se la tragó. Nadie supo en qué momento de la rumba y los vapores etílicos ella no apareció más entre la espuma blanca. No dejó rastros por mucho que buscaron su cuerpo en la oscuridad. Su sensualidad exuberante de diosa de ébano fulgurante se la había llevado el viento. Sólo la esfera plateada y las palmeras llevaban la cuenta de sus amores efímeros.

Gino, el amante italiano más consecuente de todos, le echó rosas amarillas a las olas de Maurica en su memoria. Hundió sus manos en la arena para recoger los guacucos con los que había faenado con su diosa durante tantos meses. Fue abriéndolos uno a uno y su sabor salado en la boca le recordó la sabrosa perla negra de su mulata. Se volvía loco comiendo la carne cruda y viva del molusco con limón. Había descubierto que así podía revivirla. El mar le había robado lo que más había deseado en su vida pero se lo regresaba ahora con las conchas y la espuma blanca que le acariciaba los pies.

Todavía quedan muchos que recuerdan con placer sus empanadas de guacuco, de cazón o de calamar con camarón. El fósforo era su especialidad. Candela pura. El rompe colchón. La Negra supo combinar los frutos del mar con la masa de maíz. Aprendió a fusionar la gastronomía con “el sexo sin fronteras” sin pasar antes por una academia. Lo que le había enseñado su novio italiano, de cenar “espagueti a la vóngola” con la salsa de las almejas que habían recogido en la playa de Maurica, se lo aplicó a la tortilla de maíz con relleno afrodisíaco para las empanadas fritas. Todo un éxito inesperado.

Ahora, los buhoneros o vendedores ambulantes prefieren ocultar el monumento que le han dado, tal vez para ahorrarles la explicación a sus vástagos. Nadie puede verla aunque está arrumada en el rincón más transitado del boulevard llamado La Chica. Los tarantines la tapan.

Sus nueve hijos morenos –unos más tostados por el sol que otros- no saben o no recuerdan quienes fueron sus progenitores de ocasión. Unos tienen los ojos azules, otros verdes y los últimos pardos o más claros tirando al ámbar o la miel. El mayor tiene el pelo amarillo ensortijado –lo apodan el Cerro Prendido-, otros marrón ondulado y los menores tienen el cabello negro ensortijado con la piel blanca y los ojos verdes saltones. Las hijas se alisan el cabello con un producto químico para que nadie sospeche que nacen crespos.

Lo único que saben sus descendientes es que les gusta la fusión. Claro, lo llevan en sus genes y así lo demuestran en sus oficios. Experimentan pasión con la mezcla de colores en la pintura, en la cocina, en la moda, en el diseño, y ni hablar de la cama. No pueden negar que siguen el legado multicolor de la madre.

Ludmila Vinogradoff

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viernes, 2 de octubre de 2009

UN NIÑO JESUS DE DERECHAS?


Posted by PicasaDesde hace 5770 años, según el calendario judío, y 2009 años de la era cristiana, los niños nacen de “izquierda”, o mejor dicho, la mano izquierda de la madre es la que sostiene al niño y la derecha es la que lo alimenta y lo cuida.


Podría decirse que desde el regazo maternal nacemos de “izquierda”, según la tendencia natural del ser humano, pero durante el desarrollo y después en la edad adulta nos vamos ubicando en el “centro” o en la “derecha”, de acuerdo a la posición que queremos jugar en la coreografía ideológica y política.

Sin embargo, en la estatua de la Virgen del Valle, develada en 2008, en la Vía Alterna de Barcelona, Anzoátegui, se observa que el Niño Jesús se encuentra en una postura de “derecha”, como si quisiera ir contra la corriente milenaria de la humanidad pues hasta en los íconos más antiguos se observa a la Virgen María con el niño en la izquierda.

Muy a su pesar, la estatua mariana contrasta con la iconografía actual del régimen que hasta cambió hacia la “izquierda” la posición del caballo blanco de Bolívar en el escudo nacional porque originalmente estaba del lado derecho, un viraje “caprichoso” que ha costado millones al bolsillo de los venezolanos.

LV


Un Niño Jesús de derechas?


Posted by PicasaLa Virgen del Valle en la Vía Alterna de Barcelona con el Niño Jesús en la derecha