Es la estatua más hermosa que le han podido hacer al Generalísimo Francisco de Miranda Rodríguez. Al presentarlo en un constante movimiento con gestos firmes y resueltos reflejan el signo principal de lo que fue su vida, es decir, pura energía, acción y aventura. El único escollo es que lo tienen colocado en un lugar poco adecuado.Fue un viajero incansable que nació en Caracas el 28 de marzo de 1750 y murió en San Fernando de Cádiz el 14 de julio de 1816. Ahora le han fabricado un muñeco de plástico para que los muchachos jueguen con un héroe nacional de verdad verdad de pelo largo platinado, aunque cueste 200 bolívares fuertes, igual de caro, que el "robot cop" inventado en Hollywood.
Su padre canario, de origen humilde, emigró a la denominada pequeña Venecia durante la colonia y aquí se casó con una venezolana. El canario era muy listo. Hizo fortuna como comerciante. Francisco es el primogénito de nueve hijos del matrimonio, estudia en las mejores escuelas de Caracas, y a los 20 años de edad, enrumba hacia Madrid para alistarse en el ejército español donde desarrolla su brillante carrera militar.
En Venezuela no se conoce un retraro auténtico de su rostro. Sus compatriotas sólo tienen referencia del precursor por "el hombre del catre" o "Miranda en La Carraca", que es un lienzo pintado por Arturo Michelena en 1986, en el que se muestra al héroe caraqueño reclinado en un catre en su celda de Cádiz antes de fallecer a los 66 años. Bolívar lo había mandado encarcelar porque creía que era un traidor a la causa independista.
Miranda es un conquistador de primera línea y de todas las categorías posibles. Un destacado combatiente, estratega militar, un intelectual, el más culto de los venezolanos, un seductor y un rompe corazones. Hasta incursionó en la música pero no se le conoce su faceta de padre ni dejó oficialmente descendientes -todavía los franceses le están haciendo pruebas del ADN de sus huesos con los parientes que le han sobrevivido.
Tiene todos los títulos honoríficos que hombre alguno haya podido soñar. Es el precursor de la emancipación americana del imperio español, catalogado como "el primer venezolano universal". Creador de la idea de la Gran Colombia. Además es el Generalísimo, el Mariscal de Francia y el Comandante en Jefe de los Ejércitos de Bélgica.
Su lucha dejó huellas en tres continentes: Africa, Europa y América. Participó en los tres grandes movimientos históricos y políticos de su tiempo. A saber: la guerra por la independecia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y la guerra de la independencia de América Latina. Se codeó con los grandes de su época, entre otros, George Washington, Napoleón Bonaparte y Catalina la Grande de Rusia.
Ha marcado estelas imborrables. Su nombre está inscrito en el Arco de Triunfo de parís, su retrato en la galería de los personajes en el Palacio de Versalles, su estatua frente al general Kelerman en el Campo de Valmy, francia, y su casa en Londres convertida en museo donde reposan su biblioteca, archivo y correspondencia. Era sumamente ordenado con los libros.
Inspirado un tanto en el estandarte de la monarquía zarista, diseñó la bandera tricolor de Venezuela con el amarillo en la primera franja y no blanco como en la rusa, y la iza por primera vez en la Vela de Coro en 1806, desafiando a la corona española, que no soporta tal desaire.
Fue el segundo presidente de Venezuela después de ser proclamada la independencia, de manera muy breve, eso sí, entre el 25 de abril y el 26 de junio de 1812. Luego lo reemplazaría Simón Bolívar en la Presidencia. Pero al final no aguantaría mucho tiempo relacionarse con sus compatriotas ni comprender su poca seriedad en los compromisos después de tanto tiempo de alejamiento de la patria que lo vio nacer. De ahí su famosa frase. "qué bochinche" en alusión al desorden caótico que encontró en el país.
Su vida amorosa también fue fructifera y prolífica. Su estancia por Madrid cosechó dos amantes. También suenan sus aventuras cuando estuvo en Charleston, Boston y New York. En Londres mantuvo una relación romántica con Susan Levingston, hija del canciller Livingston de Inglaterra. Las cartas de amor que se escribieron todavía se conservan en su museo-casa en Londres.
Miranda prefería disfrutar el momento y no comprometerse aunque dejase el corazón partido a su amante. Un auténtico Casanova y un Latin Lover de una época irrepetible. Lo que nunca se sabrá es quién le habrá roto el corazón a quién cuando pasó por el lecho de la rusa Catalina II. El general venezolano y la zarina se encontraron en Kiev y profundizaron su romance en el palacio invernal de San Petersburgo, a pesar del celoso Potemkin.
La vida de Miranda es de película. Su realidad sobrepasa cualquier ficción. Le han hecho varios filmes -bastante mediocres- pero todavía le falta el que lo llevará al Olimpo, por supuesto, no será el cineasta Oliver Stone. Por algo Tomás Polanco Alcántara le escribió el libro "?Don Juan o Don Quijote?" y los franceses aún le siguen hurgando en sus cenizas.
Lo único malo es que la estatua se halla un tantodesubicada. Se encuentra respirando carbono del bueno (CO2) en una intersección de Los Palos Grandes, Municipio Chacao, en un cruce ruidoso de automóviles y busetas, y su estatura de Generalísimo convertido en un fiscal de tránsito de lujo, al que nadie respeta.
A Miranda le hubiera gustado estar más bien en un pedestal de una plaza o de un boulevard peatonal en contacto con la gente. Después de imponerse como el seductor preferido de las cortes europeas, lo menos que puede merecer es un sitio privilegiado donde pueda pasear su mirada por las minifaldas y las prominentes "lolas" que se gastan las caraqueñas, a ver si su espíritu despierta y se levanta otra vez para emanciparnos de ese yugo jurásico y anacrónico que nos tiene acogotados.
Ludmila Vinogradoff

